Una semana ha transcurrido desde la última vez que he visto a Harry y a Louis en un intento por disfrutar mis vacaciones de verano. Harry había llamado hace unos días para decirme que quería hacer un viaje conmigo, el cual, aunque lo dudé, terminé aceptando. Él se mostró realmente emocionado con el asunto, a diferencia mía. Hoy es el día del viaje. Aun es lo suficientemente temprano para que empiece mis maletas, así que me siento en el sillón a ver la televisión, muerta de aburrimiento, con un aparato que no muestra cosa interesante en su pantalla, y mi celular alado, esperando a que alguien me llame y me quite lo aburrida, y al parecer eso funciona, debería hacerlo más seguido. Mi celular está sonando: “A Thousand Years”, mi canción favorita.
– ¿Bueno? – contesto un
poco ronca, ya que hace días que no hablo con alguien.
– ¿_____? ¿Cómo estás?
¡Habla Melissa! – dice Melissa, aquella chica que es mi mejor amiga y llevo
tiempo, que me ha parecido eterno, de no verla. Una chica alta y delgada, tez
bronceada de un color como naranja, cabello negro que cae como rulos por su
espalda y unos ojos verde transparente que seducen a cualquiera. Siempre he
sabido que ella es mucho más linda que yo, pero su carácter no le ayuda
demasiado. Ella está perdidamente enamorada de Louis (o eso dice), sin embargo,
hay veces en que Louis no quiere saber absolutamente nada de ella. Puede ser
algo caprichosa y manipuladora, pero en el fondo realmente lleva un buen
corazón.
– ¡No! ¡No es cierto! ¿Cómo
estas Meli? – respondo enloquecida.
– Pues bien, aunque
extrañando un poco a Lou. ¿Y tú?
– Igual. Ay Meli.
Bueno cambiemos de tema, ¿cuando llegas?
– Hmm… ¡Mañana! –
dice emocionada.
– Hmm… ¿Mañana? –
digo extrañada.
– Si… Mañana… ¿Por
qué?
– Porque… ¿Ves lo
de la playa? Es mañana.
– Ay, bueno… ¡Vete
con tu galán! Tú no te preocupes, en serio.
– ¿En serio,
Meli? Ya sabes cuánto lo amo.
– Si, lo sé. ¡No
te preocupes! Yolo. Cuando regreses me marcas, ¿sale?
– ¡Eso ni se
diga! En la mañana que regrese te marco.
– ¡Calenturienta!
¿Cuantas noches van a pasar, eh?
– Un par, pero no
de la forma que tú crees. ¡Aquí la calenturienta eres tú!
– Bueno amiga te
dejo.
– Sale. Te amo,
Meli. Nos vemos en un par de días.
– Te amo más, ¡bye!
– dice colgándome.
Apago la tele y
me recuesto en el sillón con los audífonos puestos para relajarme un rato, sin
embargo, fuera de lo planeado, me quedo dormida y despierto tarde. Me paro sin
saber qué hora es, pero tampoco me interesaba mucho, y voy al espejo del baño.
Me cepillo el cabello perdiéndome en mi propia mirada en el espejo, viajando en
mi imaginación. De repente, me interrumpe la llegada de un mensaje a mi
celular, que por cierto era de la compañía telefónica. Lo cierro y no sé porque
me fijo en la hora. Ya eran las 9 de la noche, una hora para que Harry llegue
por mí, y yo sigo en el mismo lugar que antes: no maletas listas. Doy un
pequeño brinco y jalo la maleta de encima del closet. Le sacudo el polvo, que
me hace estornudar unas pocas muchas veces, y luego la abro. Al abrirla me doy
cuenta de hace cuánto tiempo no salgo de viaje. Saco un pequeño traje de baño,
recuerdo perfectamente esas vacaciones. Fueron con Louis. Yo tenía como 6 años,
y el por ende tenía 8. Realmente nos la pasábamos muy bien juntos, desearía
volver en el tiempo y revivir todos aquellos momentos. Sigo sacando las cosas
de la maleta y encuentro unos pequeños calcetines enrollados, uno amarillo y el
otro negro y decido abrirlos. Encuentro unas fotos de Louis conmigo, en la
playa, jugando, abrazándonos, divirtiéndonos. También encuentro un collar hecho
de conchitas que Louis me había hecho en el taller de verano, en una conchita
dice: “M+L=BFF<3”, aunque ya no se distingue tan bien como antes. Espero que
nuestra amistad no se borre tal como esa tinta, con el tiempo. No puedo evitar
sonreír y abrazar aquellos recuerdos que me hacen sentir tan bien, y los guardo
en mi cajita de recuerdos. Luego, sigo guardando mi ropa y todo aquello que
fuera a necesitar. Estoy segura de que no me queda mucho tiempo, y, en eso
suena mi celular, confirmando mis pensamiento.
– ¡Ay voy! ¿Ya
vienes? – digo sin dejarlo hablar antes.
– Si mi vida. ¿Ya
estas lista? – me responde.
– Algo así…
– Bueno, estoy
afuera. Vente ya, que ya es algo tarde. – dice y puedo oír como un coche se
sube a la banqueta de afuera de mi casa.
– Voy amor – digo
mientras intento cerrar la maleta, luego cuelgo el teléfono. Reviso la lista de
lo que llevo y estoy totalmente segura de que llevo todo, así que salgo
corriendo a abrir la puerta, jalando mi maleta por detrás de mí.
– ¡Amor! Por fin
llegó el día – dice Harry abrazándome, luego intenta besarme, pero me muevo.
– Vámonos. – digo
muy seca. En realidad, no hay razón alguna para comportarme como lo estoy
haciendo, pero lo hago.
Harry arranca el
coche y nos vamos. Yo iba con cara de preocupación, y por fin, después de 10
minutos, Harry lo nota.
– ¿_____, pasó
algo? – me pregunta serio.
– No, amor. ¿Por
qué lo dices? – respondo nerviosa.
– No lo sé… Estas
muy fría. Tú eres muy cariñosa y no has ni siquiera puesto tu mano en la mía…
Ve. Ahí está. Sola y con frío.
– Tápala. – digo
tratando de ser seria y evitar la risa.
– Pero… no traigo
cobijita.
– Yo traigo un
trapito, Harold, ¿te sirve?
– Creo que no,
pero tu mano me serviría. – dice Harry haciéndome ojitos.
Puse mi mano en
la suya y la apreté. – ¿Contento? – digo sonriendo.
–Yo solo quería
sentir un poquito de ti mi Solecito.
– ¿Pues qué
quieres? ¿Qué te coma a besos en la carretera?
– No estaría mal.
– dice el chico con una sonrisa traviesa.
– ¡Harry!
– ¿Qué? Ni
siquiera me saludaste bien, cariño.
– Sabes que no es
necesario que te salude bien. Tú sabes que te amo.
– Demuéstralo. –
dice Harry quitando su mano de debajo de la mía, pasándola al volante, junto a
la otra, manteniendo la vista al frente, viendo de reojo de vez en cuando.
Paso una mano
lentamente por su espalda, en parte para calentarla, ya que estaba helada,
corro mis dedos por sus rizos y le planto un tierno beso.
– Y, ¿eso es todo?
– dice aun sin mirarme a los ojos.
– ¡Amor!
– ¿Qué pasó? –
responde tratando de aguantar la risa, girándose hacia mí.
– Te estas
burlando de mí, ¿eh?
– Si… ¿Cómo
supiste?
– Hmm… ¡Me amas!
– ¡No más que tú
a mí!
– ¡Uy! Tú al
infinito y más allá.
– ¡Tú me amas un
puntito más que yo para siempre y ya no se vale decir nada! ¡Ja!
– ¡Feo! – grito
ya sin saber qué decir.
– ¡Fea!
– ¡Asqueroso!
– ¡Asquerosa! – me
grita de vuelta. – Pero así te amo.
– Aww, Harry. Eso
no te quita ni lo asqueroso ni lo feo, amor. – digo sonriendo.
– A ti menos. –
dice poniéndome una mano en el cabello, desenredándolo y acercándose para
besarme. Empieza a besarme cuando veo algo que me alarma y, sin querer, lo
muerdo.
– ¡Harry! –
grito.
– ¡_____! ¡No
creas que no me dolió! Repáralo. – dice acercándose para besarme nuevamente.
– ¡No! ¡La curva,
baboso! – grito alarmada.
– ¿Qué? – grita
poniendo una mano en el volante, sin embargo, ya era demasiado tarde. El coche
sale volando por un barranco dando vueltas y vueltas mientras cae. Nos tomamos
de la mano, y ambos podemos escuchar nuestros propios gritos, aunque sin producirlos
apropósito. Después, no sé qué pasa.
Despierto
recostada delicadamente sobre pasto amarillento. Siento que mi cabeza va a
reventar, con ideas revueltas vagando a sus anchas, sin entender mi situación.
Al fin logro sentarme, sintiendo como si mi cabeza pesara una tonelada y me
jalara hacia atrás. Me giro lentamente hacia Harry, inconsciente a mi lado, y mis
ideas comienzan a aclararse, aunque solo un poco.
– Harry… –
susurro. – ¿Harry? ¿Harry, todo bien? – empiezo a subir el tono de voz hasta
que… – ¡Harry! ¡Mi amor! – Estoy gritando – Harry… Por favor mi vida, dime que
estas bien, ¿sí? ¡Dímelo! – le grito agitando su cuerpo, pero no responde. Ni
siquiera estoy segura de que siga respirando. Su cuerpo se siente helado, al
igual que el mío. Esculco sus bolsillos y encuentro mi celular, intacto, solo
con un par de rasguños nuevos. Veo en los contactos y llamo al primero que
reconozco. – ¿Si, bueno?
– ¿Harold? ¿Eres
tú o guardé mal este número? – respondieron al otro lado del teléfono.
– ¡No! Soy _____,
novia de Harry. No te conozco en persona pero Harry tiene tu número y fue el
primero que vi, por favor, Lety, ayúdanos. – digo alterada y de forma rápida.
– Okay.
Tranquila, _____. ¿Qué pasó? No entiendo. – responde confundida.
– Tuvimos un
accidente. Avisa a lo que se tenga que avisar, por favor, no sé qué hacer.
– Tú tranquila. ¿Dónde
están?
– No lo sé
exactamente, pero, aún no salíamos de la ciudad. El coche brincó por un
barranco, eso es lo último que recuerdo y ahora estamos en no sé dónde. No sé
cómo llegamos aquí.
– Okay,
tranquila, los encontraremos, yo me encargo. ¿Sale? Bye. – dice colgando sin
dejarme decir nada, creo que se estresó conmigo.
– Okay… Okay,
estaremos bien Harry, ¿oíste? – digo acurrucándome a su lado, pasando su brazo
por encima de mi hombro. – Vendrán por nosotros amor, y todo estará bien. – me
quedo mirando al cielo repleto de estrellas por un largo rato con los ojos bien
abiertos, hasta que el silencio de la noche es interrumpido por ambulancias y
patrullas. Me paro de un tiro y empiezo a tartamudear, sin entender yo misma lo
que estaba diciendo. Un hombre con chaleco naranja se acerca a mí, jalándome
del antebrazo. Logro soltarme y corro hacia Harry, que está recostado en una
camilla, con aparatos alrededor de él. Tomo sus manos heladas, manchadas de
sangre, entre las mías, que apenas me doy cuenta también están manchadas de
sangre. En eso, otro tipo con chaleco naranja al que no le puedo ver los rasgos
de la cara, me jala ambos brazos por detrás, y me doy el privilegio de darle un
beso rápido en la mejilla a Harry antes de que me alejen de él para encerrarme
en otra ambulancia. – ¡Harry! ¡Harry! ¡Harold Styles! ¡No me dejes! ¡Despierta y
llévame contigo, Harry! – grito mientras me acuestan a la fuerza en una camilla
y luego alcanzo a sentir como la sustancia de la jeringa empieza a invadir mi
cuerpo. – Te amo. – alcanzo a susurrar por último.