Abro los ojos de
un jalón. Una habitación blanca, sumamente limpia, llena de máquinas y tubos
que salen de mi cuerpo. Trato de aferrarme a algo para levantarme, sin embargo,
no hay ninguna pared cerca de mí, y las sábanas pesadas que cubren mi cuerpo se
resbalan con mucha facilidad. Caigo rendida, cerrando los ojos unos instantes,
tratando de recordar lo que había pasado el día anterior. ¿Qué hago yo aquí?
¿Acaso no debería de estar disfrutando a mi novio en estos momentos? Mi novio.
Esa palabra me llega como luz parpadeante a la mente. Mi novio. ¿Dónde estará?
¿Estará bien? Siento un miedo punzante en la boca del estómago, esa
preocupación que da cuando no sabes bien qué pasa. Intento tragar saliva por mi
garganta irritada, algo que no me es muy útil. Veo como una mano se pega al
cristal grisáceo de la puerta, sin embargo, mis ojos no logran captar por
completo la imagen. La figura intenta varias veces abrir la puerta, hasta que
por fin lo logra.
Louis entra a la
habitación con oscuras ojeras que le cuelgan y labios partidos. Me regala una
sonrisa y se sienta en mi cama; encima de mi pierna. Suelto un grito y el
cambia el gesto súbitamente, poniéndose de pie. Los músculos del rostro se me
relajan y él se muestra aliviado, volviendo a sonreír.
– _____. – dice
al mismo tiempo que sonríe. – ¿Cómo te sientes hermosa? – pregunta hincándose a
mi lado, tomando mi mano entre sus dos manos, entrelazando nuestros dedos.
Que pregunta tan
estúpida. ¿Cómo me puedo sentir? Trato de ser amable, sin embargo, eso no se me
da cuando la gente me estresa, a pesar de que se porten tan bien conmigo. –
Creo que es una pregunta algo estúpida, Lou.
– Hmm, bueno,
cambio de pregunta. ¿Necesitas algo?
– Salir de aquí. –
digo girando la cabeza. No lo puedo evitar, evitar comportarme así con él, no
estoy de humor, ni siquiera con él. Creo que debería de dar gracias a que esta
vez me estoy controlando en vez de empezarle a gritar cosas que no entiende,
algo que suelo hacerle. Prefiero desviar la mirada en vez de soltarle con ésta
toda la rabia que llevo dentro.
– Pronto, muñeca,
pronto. – me dice poniéndose de pie. Creo que ya descubrió que hoy es uno de
esos días en los que no estoy en mi mejor punto, y eso me alegra; poder
relajarme un poco y dejar de fingir un rato.
– Mi amor… – dice
mamá entrando al cuarto. ¿Desde cuándo le importo tanto? Digo… si es que se puede
saber. Al menos vino; igual y se está esforzando en hacerme un poco más de caso
para no terminar como Iván. Desde que mi hermano se largó con su novia la
exótica no le importamos tanto. <<¿Para
qué les di todo lo que tienen? De seguro terminarás como tu hermano, cariño.
Casándote con el primer chico que te altere la hormona.>>, suele
decirme. No debería juzgarme así, aunque, a veces pienso que, debería hacer
exactamente eso, para hacerla pasar un coraje, aunque sea por un rato. – Puede
que salgas mañana, corazón. Depende de tu reacción. – dice con la típica
sonrisa que usa para conseguir patrocinadores para sus productos. Ya no sé si
esa es su sonrisa real, o la fingida.
– Vale. –
susurro. – ¿y Harry? – pregunto girándome hacia Louis.
– Ah, Harry. – su
impresión me dice que algo no está del todo bien. – ¿No prefieres saber de ti
antes?
– No. – digo
firme. – ¿Acaso no oíste lo que pregunté?
Todos se quedaron
callados, con la mirada baja. Siento como las venas de las sienes me empiezan a
palpitar. Su sonido me distrae un rato. Papá se acerca a mí, con la misma
sonrisa que usa mi madre.
– ¿Sabías que te
descalabraste? – me pregunta en tono interesante. Yo lo niego con la cabeza. En
realidad ni lo había sentido. El coge mi mano y la pasa por encima de las
vendas que rodean mi cabeza. Cierto. Me descalabré. – No lo sabía. – dice
dirigiéndose a mi madre, soltando una risa ruidosa. – Ay mi niña. Fuera de eso
no hay nada más que informarte, más que te esquinzaste el tobillo… y fractura
leve en la rodilla. – dice con una
sonrisa traviesa. Mi padre siempre con su lado divertido de todo. Aunque las
cosas no tengan nada de divertido, se ríe.
– ¿Así que no me
piensan decir nada sobre Harry? – digo y nadie menciona nada. – Okay… okay.
Déjenme sola, ¿quieren?
Todos salen sin
decirme nada, solo oigo algunos susurros entre ellos. Mi habitación se queda en
completo silencio, solo puedo oír como unos doctores platican en la habitación
de alado, que está separada de la mía tan solo por una cortina, sin embargo, no
me interesa escuchar lo que dicen. Recargo mi cabeza en la almohada, rendida,
cuando escucho un grito interrumpido proveniente de la habitación de alado.
Harry. Ese grito fue de Harry. Esa voz áspera y cálida era total y solamente de
él. Trato de girar mi cabeza hacia la cortina, pero me doy cuenta de que
haciendo eso me taparía una oreja, y no lograría escuchar lo que dicen, así que
mejor me quedo tal y como estaba, tratando de forzar mi oído derecho.
– Estoy vivo. –
susurra el que creo es Harry. – ¿Y _____? – dice y con eso me aseguro de que es
él.
– No te preocupes.
Ella está bien, nada grave. – dice una voz femenina que no reconozco.
– Ay mi bebé…
ella no se merecía esto, ¿lo sabes?
– Sí, sí. La
linda y perfecta _____, blablablá. – dice la voz misteriosa y luego hay una
pausa que sé que les es incómoda. – Tú si merecías todo esto, ¿lo sabes? – dice
con el mismo tono de Harry.
– Por supuesto
que lo sé. Los errores quedarán en el pasado. Prometo no volver a cometerlos.
Hay que vivir en el presente.
– Allá tú.
– Lárgate. – dice
Harry firme. La persona misteriosa obedece dando un portazo. ¿Quién era? Como
sea; yo confío en mi novio y no voy a permitir que una persona así me haga desconfiar.
Como sea.
Olvido lo
ocurrido y jalo mi celular que estaba en el buró de alado, decidida a saludar a
mi novio, o a hacer algo. Muero de aburrimiento.
– Harold… – le
escribo por iMessage.
– ¡Bebé!:3 – me
responde al cabo de un par de minutos.
– Estamos juntos
en esto, ¿cierto?
– Ay, bebé… no
sabes cuantas ganas tengo de correr a abrazarte y besarte, pero ni siquiera
pararme sin lastimarme puedo. – lo dejo en visto, pensando en lo que podríamos
estar haciendo ahora. – ¿FaceTime?
Lo dudo un poco,
despeinada, desmaquillada. Iugh. Pero bueno, si me quiere no creo que eso le
importe, así que mejor decido dejar de pensar y marcarle antes de arrepentirme.
Él tampoco está muy presentable. Los chinos los lleva enredados y le caen por
la frente despeinados e incluso aplastados, sus ojos no despiden brillo y su
piel se ve más pálida y seca que nunca. Sí así se ve el, no quiero imaginarme
como me veo. Apenas y se nota cuando sonríe.
– Tu cabeza. ¿Qué
pasó? – pregunta desconcertado.
– Descalabrada. –
digo con una pequeña sonrisa. Al fin lo veo.
– Fue como una
pesadilla. Cuando el coche por fin se detuvo y te vi inconsciente a mi lado
sentí que el mundo entero se me venía encima. Tú. Tan delicada. Tan vulnerable.
Sabía que el coche iba a estallar. – dice y empieza a desviar la mirada hacia
un lado. No sé si es porque no me quiere ver a los ojos o si es porque le
cuesta revivir los recuerdos. – Abrí la puerta lo más rápido que pude, decidido
a correr hacia ti. Cuando llegué a ti te saqué tratando de no lastimarte; te
tenía entre mis brazos y lo primero que hice fue darte un firme beso en la
frente. Corrí hasta ya no poder más, y caí al suelo contigo aún en brazos; despejé
el cabello de tu rostro y caí sin fuerza a tu lado. Pensé cuanto te amo y que
yo no quería nada de esto. Me quede viendo sin saber qué hacer la sangre que
rodeaba tu cuerpo, sabiendo que yo no podía hacer nada; quería llorar, pero las
lágrimas no salían, no tengo idea porque… y, eso fue todo antes de que la luz
comenzara a desaparecer y mis ojos se cerraran para perder la noción del
tiempo. – se queda callado, pero parece que quiere decir algo más; sin embargo,
no dice nada.
No sé qué decir,
quiero darle unas palabras que lo hagan sentirse bien, que sepa que estoy con él
y que nadie nos puede hacer nada ahora, pero pareciera que todas las palabras
se borran de mi mente, dejando solamente su nombre. – Harry…
– Me contaron los
doctores que estabas muy alterada cuando llegaron los paramédicos. – dice con
la misma voz entrecortada de hace rato.
– Pensé que no
volvería a verte, tuve miedo. – ambos nos quedamos callados. – ¿Sabías que tal
vez saldré mañana? – le pregunto intentando cambiar el tema.
– Ah, si… y me
voy a quedar solo. – quise decir algo, pero me interrumpe. – Está bien. Eso
quiere decir que al menos mi intento por protegerte no estuvo del todo mal. Muy
bien.
Me quedo callada. A veces no sé si dice las cosas para hacerme sentir mal o porque de verdad las siente. – Me siento algo débil, creo que debo descansar. Adiós. – digo mandándole un beso y colgándole sin poder escuchar su reacción. Me pongo a jugar un rato en mi celular, hasta que siento que los ojos se me empiezan a cerrar y me quedo dormida con el móvil aun en mi mano.
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